Lo que no se publica en Instagram

Ayer volví a entrenar baile. Y no, no lo instagrameé. Aunque me vi tentada a hacerlo.

Pasaron tres años desde la última vez que lo hice.

Me había metido tanto en mi emprendimiento, que había dejado de hacer una de las cosas que más me gustan por querer "crecer".

Ya soy una adulta, pensaba. No tengo tiempo para hobbies, no. Tengo que conquistar todo y facturar seis cifras. Si lo hice para otros, ¿por qué no iba a hacerlo para mí?

Lo que no se publica en Instagram   #instagram #habitos #productividad #gabrielah

Sabía que necesitaba hacer ejercicio porque estaba subiendo de peso, pero igual lo dejaba para cuando "tuviese tiempo". Y como no me gustan los gimnasios - tuve el mejor gimnasio del país gratis, y aún así no lo aproveché, supe que si me tenía que mover, tenía que hacerlo bailando. Y no fingirlo, tipo Zumba, sino tomarme el tiempo de aspirar escuchar música, dejarla correr por las venas y dejar fluir el movimiento. Mucho tiempo y energía que podía invertir en mi negocio.

Cada vez que leía artículos o escuchaba podcasts de empresarios que admiraba, me salteaba la parte del entrenamiento físico, porque claro.. ellos tenían más tiempo y mucho más dinero. Cuando yo llegase a ese nivel, ahí escucharía los podcasts enteros.

Lo loco fue que a medida que me empezó a ir bien, y mejor de lo que esperaba, sentí la presión de tener que redoblar la apuesta y crecer, crecer, crecer 🚀!! Qué baile ni qué baile?! A laburar el triple y facturar más!

Cuando tenía tiempo libre y descansaba, me sentía culpable por no trabajar. Siempre había algo para arreglar o mejorar.

¿Qué hacía entonces? Camuflaba mi descanso programando posts para el Instagram o haciendo videos para Stories. Por un lado era tipo recreo, porque el Insta no se siente como trabajo. Y por otro lado, me aseguraba de marcar mi presencia online mientras "descansaba"! Qué genia, merecía un aplauso.

Bah.. ¿Merecía un aplauso? ¿Por fingir descansar cuando en realidad me estaba enviciando con mi trabajo?

Cada vez que hacía algo divertido, lo posteaba al Insta porque así conectaba con mi audiencia y al mismo tiempo me divertía. Bah... ¿me divertía o sólo me mostraba diviertiéndome para diferenciar mi marca?

No sé si te conté esto, pero trabajando me volví adicta al celular. Y no, no es gracioso. ¿Viste cuando no te das cuenta el momento en el que agarrás el teléfono para chequear tus redes sociales? Es un acto tan automático que no hace falta que lo pienses. Ni hablar de pensar en que lo que estás a punto de hacer quedaría genial para Instagram Stories.

Te voy a contar algo que me da vergüenza, pero qué más da, estamos en confianza.

Cuando planeaba mis viajes, pensaba en las fotos que haría para el Insta. Te lo juro. ¿Te echaste una carcajada o resonás conmigo? Resulta que tengo un visionboard en mi cuarto, en donde tengo fotos de chocolates de Francia y Bélgica. Si bien es uno de mis objetivos a alcanzar, pensaba: "Sería genial hacer un directo mostrando cómo pruebo esos chocolates!". También tengo fotos de playas en Mexico y Grecia. "Altas fotos podría sacar ahí. Alto VLOG!".

Cuando me di cuenta de que no podía disfrutar nada sin postearlo online, me empecé a preguntar.. ¿Será que trabajar en redes sociales te impone un estándar de lo que está bueno mostrar y lo que no?

El año pasado, escuchando uno de los podcasts de Zero to Travel, un blog de viajes, había una invitada - no me acuerdo su nombre, que decía que trabajando en el nicho bloggero sentía la presión de tener que viajar a ciertos lugares sólo porque estaban de moda y porque era lo que posicionaba mejor en los buscadores y en las redes sociales. O sea, no porque ella quisiera ir, sino porque era el estándar. Todos los bloggeros de viajes con cierto nivel tenían que haber viajado a Tailandia, si no, no pertenecían a la elite. Y ojo, el viaje podía ser mochilero. No tenía que ver con el dinero invertido, sino con cumplir las expectativas de sus lectores.

Cuando escuché esa frase... "rebobiné" el podcast y lo volví a escuchar de nuevo. En el nicho de blogs de viajes había un estándar claro. Implícito, pero claro. ¿Qué le queda al nicho de marketing y emprendimiento online, entonces?

En nuestro nicho el estándar no tiene que ver con ir a Tailandia, sino con mostrar que vendés, mostrar testimonios, mostrar que estás en constante capacitación, mostrar que amas a tus clientes, mostrar que Juancito te mencionó en su blog, mostrar que sos organizada, mostrar que sos una super mamá, mostrar que sos feliz y que estás super agradecida por tu negocio y bla bla. Si sos una hermitaña, buscá la forma de meterle humor así por lo menos entretenés - Hellouu! Lo más gracioso de todo es que como supuestamente para construir una marca personal tenés que mostrar que sos humana, incluso cuando mostrás tus fallas, parece haber un estándar. O sea, un aplauso por mostrarte sin maquillaje y despeinada, pero ¿qué tal si un día todas mostramos el microondas todo sucio, lleno de grasa? Ah, no, eso no se muestra. En tal caso, mostrá el antes y el después, cuando usaste un limpiador casero con bicarbonato de sodio y limón.

Capaz que sueno a una hater, o que estoy en contra de todo. Pero en realidad, sólo te quiero llamar la atención en caso de que sientas que te estás rompiendo el orto y aún así no disfrutes de tu vida.

Yo nací en una familia cristiana. Yo sé lo que es que desde bebé te digan que si querés tener vida eterna hay condiciones que cumplir. Que si querés "vivir, tenés que dar tu vida". Que siempre tenés que hacer algo para ser hija de Dios. Que aunque te ame incondicionalmente, la iglesia te dice que igual siempre tenés que hacer algo.

O sea, sé lo que es crecer empapada de contradicciones, colega.

Por esto es que no soy una hater. Yo entiendo a los que posan para Instagram. Entiendo a los que busquen aprobación de sus colegas. Entiendo a los que cuidan sus palabras al escribir. Los entiendo a todos porque yo también fingí ser alguien que no era, para tener la "aprobación divina", digo pastoral, y profesional, y así dormir en paz. Si escribo sobre esto es porque hoy me pintó hacerlo.

¿Y sabés por qué me pintó hacerlo hoy?

Porque ayer volví a sentir música en la sangre. Porque pensé en postearlo en Instagram y me contuve. ¿Por qué arruinar el momento haciéndolo público? Porque por más que te feliciten, vos siempre querés miles de likes y que todos todos todos te comenten lo guay que sos. En el algoritmo de las redes, los corazones nunca son suficientes.

Pensé que sería mejor contarte a vos lo bien que se siente hacer algo que no se publica en el Instagram, porque sé que a vos también te encanta hacer cosas que no van con el estándar. ¿Tomar mate con una amiga? Qué aburrido!! ¿Dormir la siesta con tu perro? Qué asco!! ¿Ver Extreme Cheapstakers - Ahorradores Extremos? Qué grasa!! ¿Escuchar kpop? Qué infantil!!

¿Qué tal si por unos días, nos cagamos en el algoritmo de las redes sociales y salimos a disfrutar de nuestra vida? ¿Quién puede venir a decirnos algo?

Pausa: Si pasás tu vida entera online porque necesitás vender, leé libros de ventas! Practicá los pasos de la venta y seguí practicando. ¿Sabés todo el tiempo que te ahorrás si hacés eso, en vez de hacer marketing en redes sociales? Es más, si vos me empezaste a seguir porque bloggeaba sobre ventas, te cuento que ya no me enfoco en ventas porque me cansé. Lo último que haré con ese tema es publicar un ebook recapitulando un desafío que hice el año pasado llamado La Honestidad Vende. Pero después de eso no tocaré más el tema. Literalmente me cansé de competirle a las "ventas"  por Facebook e Instagram. Siempre que expliqué el camino claro para vender, con prospectado, oferta y cierre, saltaba la pregunta: ¿Y con Instagram, cómo hago? Ese tipo de preguntas me apagaron el fuego. Sorry por el anuncio inesperado, por ahora sólo te cuento que si estás invirtiendo toda tu vida a las redes sociales para vender, no es necesario. Cuando ejecutes pasos claros de ventas, verás por qué.

Por favor, colega, desconectémonos unos días de la compu y del celular. Volvé a hacer lo que se te cante. No todo tiene que ser compartido con el mundo. Por más que trabajemos online, no podemos permitir que el internet nos succione la vida. ¿Dale que cerrás esta ventana y sin decir nada, salís a hacer algo que te divierta? No me lo cuentes ni lo publiques, que sea secreto! A lo sumo que lo sepan tus hijos o tu pareja, pero dale, date gustos más seguidos, carajo! Así ganarás más energía y creatividad para rockearla en tus proyectos, y dejarás de preocuparte tanto por el estándar de tu nicho.

Capaz que pienses: Gaby fue a una clase de baile y se le chispoteó el cerebro! Bueno, no, en realidad hace tiempo que estoy haciendo cosas copadas - copadas para mí - y si te cuento, todo este mensaje pierde sentido.. cuak. Lo único que te puedo decir es que vivir sin aprobación, se siente bien!
 


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Autora: Gabriela Higa

Hey, soy Gab.

Mi misión es ayudarte a fluir como una ninja para que disfrutes de tu vida, escribiendo a diario en este blog sobre Pinterest para Negocios, Productividad y Visibilidad Online.

Tambien ofrezco un curso online de Asana y servicios de Gestión de Pinterest para emprendedoras y marcas con presencia online.

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