Yo también convivo con mi impostora

Desde que decidí emprender nunca me imaginé que la vida iba a darme tantas oportunidades de crecer y de desarrollarme como alguien que puede decir que viaja por trabajo.

Posta, seguramente me ves super segura y confiada, y la verdad que no me siento una super emprendedora. Soy una piba común y corriente, que tuvo la desgracia de trabajar en ventas y que su obsesión por la competencia hizo que encontrara divertido un trabajo de mierda.

Tampoco fui super competitiva toda la vida. Llegó un momento en el que me di cuenta de que el “ser buena persona” no era la única cualidad que me iba a hacer obtener lo que yo quisiera, sino que tenía que aceptar los desafíos que se me presentaban y competir hasta estar en el primer lugar.

¿Nunca te cruzaste con un forro que trabaja re mal, pero aún así parece obtiene mejores beneficios que vos? ¿No te jode? ¿No te jode ni un poquito?

Ojo, no te estoy pidiendo que te compares, no. Sólo quiero que me admitas que vos podés ganarle, si querés.

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A mí me pasó eso en el mundo emprendedor digital. Hace un año me crucé con personas que enseñaban a vender y lo hacían para el orto, y aún así parecía que crecían.

No me molestaba tanto eso, sino que me dolía saber que sus clientes no iban a vender.

Me dolía saber que sus clientes iban a dar vueltas en una calesita de colores y que no iban a ver plata. Si uno quiere vender, lo que menos necesita es ver son corazones, necesita ver papeles verdes a.k.a. billetes en su cuenta bancaria.

Otra cosa que me empezó a joder fue que “está todo bien si no vendés, lo importante es te guste lo que hacés. Lo importante es que des valor”...

Valor LAS PELOTAS. 

Así fue que empecé a exponerme más a través del blog, desde mis transmisiones y redes sociales en general. No busqué el impacto, simplemente quise expresar mi postura como vendedora frente a cosas que veía que estaban mal respecto a ventas.

Así fue que me animé a vender mi curso de ventas, y así fue que me puse como objetivo dominar la temática.

Mi impostora estuvo conmigo desde el primer momento. Siempre me hizo sentir que yo no era nadie. Siempre me hizo pensar que si era tan buena vendiendo, por qué mejor no me iba a trabajar a bienes raíces, ya que podría ganar mucho más dinero… y cosas así.

Fue cuando empecé a darme cuenta de que había cientos de emprendedoras que podían quebrar si no ganaban más dinero. Fue cuando en privado empecé a recibir mensajes de personas que querían abandonar…

Todas consecuencias de no poder ganar dinero. Consecuencias de no saber vender.

Empecé a escribirles a estas mujeres de forma pública, sin mencionarlas. Necesitaba hacerles saber a todas las emprendedoras que era su responsabilidad vender, y que ningún fan ni like iba a lograr que ellas salieran de la quiebra a menos que cobrasen lo que les corresponde.

Y claro, si les decía que era su responsabilidad, también estaba bueno pasarles tips y estrategias.

Hubo momentos en los que no recibía respuestas, pero algo me decía que tenía que seguir empujando. 

Sentía que era demasiado agresiva, pero no tenía otra manera de hablar.

Me sentía como una loca en contra del sistema. 

Así pasaron meses, entre cursos y workshops virtuales, hasta que un día me contactan desde otra ciudad para proponerme algo más…

Resulta que Jimena, coordinadora de la fundación Emprendedoras CRIAR estaba suscrita a mi newsletter.

Cuando Jimena me escribió, me confirmó algo que nadie se atrevía a decir: Las emprendedoras saben de todo, pero muy poco de ventas.

Luego de un intercambio de emails y llamadas, confirmamos el Workshop Intensivo de Ventas presencial en Rosario, una ciudad que me fascina. 

Cuando se habló por primera vez del workshop, volví a encontrarme con mi impostora.

Era la primera vez que iba a impartir un taller intensivo de forma presencial. Me decía que yo no era lo suficientemente buena para viajar a otra ciudad a enseñar ventas. Me decía que no tenía las credenciales para hacerlo y que mi forma de hablar no era profesional. 

La impostora casi me hace rechazar la invitación, por miedo a no estar al nivel del evento. Por un lado yo sabía que tenía la experiencia suficiente, pero por otro sabía que iba a estar frente a profesionales de otros rubros con credenciales más prestigiosas que las que yo nunca tuve.

Menos mal que tengo una pareja que conoce mi historia y que me recuerda día a día por qué hago lo que hago y todo lo que atravesé para tener la experiencia que tengo.

Empecé a decir que sí a todo y cada vez que la impostora quería aparecer, la escuchaba, aceptaba sus nervios y la dejaba ir.

Entendí que siempre va a haber una primera vez para todo. Si apuntás demasiado alto, ni hablar... - ¿Te dije que tengo en vista un departamento al río que vale mucha mucha guita? O sea, para llegar ahí, voy a terminar saliendo a tomar cervezas con mi impostora todos los días!

Finalmente el 28 de Julio viajamos para Rosario, que nos recibió con un día hermoso. Paseamos por la Av. Oroño, y luego bordeamos toda la costanera. Compartí todo el paseo en mis IG Stories, pero como siempre suelo hacer en mis viajes, me olvidé de documentar todo para la posteridad. Digamos que lo disfruté y me lo guardé para mí.

Ten Shin Han y yo en el Monumento Nacional a la Bandera.

Ten Shin Han y yo en el Monumento Nacional a la Bandera.

Cuando cada uno posa para la cámara del otro.

Cuando cada uno posa para la cámara del otro.

Esa misma noche, conocí a Jimena y a Cecilia, dos grosas que llevan adelante la fundación de Emprendedoras CRIAR sin fines de lucro, totalmente a pulmón, con un equipo de mujeres que ayuda a emprendedoras que ya iniciaron sus caminos por necesidad y que al adentrarse solas al mundo de los negocios, necesitan un mentoreo profesional.

Fuimos a un after con otros emprendedores y para culminar la noche nos fuimos a comer un brownie para charlar sobre los negocios de la región. 

Al otro día, la gran prueba… El workshop intensivo. 

 

Mi impostora me acompañó, pero la mandé a sentarse atrás de todo. No era el momento de hacer preguntas, había que exponer material jugoso con el fin de que las emprendedoras que asistieron salgan con herramientas para vender más.

Sobrevivimos. Cumplimos nuestra misión. 

Son innumerables las lindas sorpresas que viví ese fin de semana. Días soleados, colegas copadas, emprendedoras grosas, linda ciudad, buena comida, no podía pedir más nada.

Lo mejor de toda la experiencia fue conocer a una comunidad de emprendedoras fuertes que día a día trabajan a todo pulmón para cumplir sus propósitos y compartir una mañana de pura charla estratégica. ¿Quién dijo que a las mujeres no nos gusta competir y hacer negocios?

Hace rato que comparto mi tiempo libre con emprendedores y no puedo estar más feliz de hacerlo. Cuando trabajaba en la oficina creía que iba a ser imposible trabajar por mi cuenta, porque al parecer, no es algo normal y las probabilidades de fallar son infinitas.

Hoy entiendo lo importante que es rodearse de personas que tienen los mismos ideales y que también se esfuerzan por obtener una libertad total. Creo que eso es lo más difícil de todo. Ser libres.

Ahora te toca a vos.

Acá estoy con Jimena Tomarelli, coordinadora de Emprendedoras CRIAR, genia total.

Acá estoy con Jimena Tomarelli, coordinadora de Emprendedoras CRIAR, genia total.

Hoy, colega, amiga, tenés miles de oportunidades al alcance de tu mano. Hoy podés expresarte y compartir tus talentos con el mundo. El internet nunca fue tan generoso como lo es ahora. Si no lo estás haciendo por miedo al qué dirán, quiero avisarte que todos van a dudar de vos y nadie te va a hacer tu parte.

Te prometo algo… si empujás y trabajás por tu proyecto hasta el cansancio, vas a ver frutos. Si sos totalmente honesta y das todo TODO por tu misión, la vida te puede sorprender de muchas formas.

Esta vez a mi me sorprendió con un viaje y con otras cosas super secretas de las cuales te vas a enterar dentro de poco… Reconozco que hubo días en que quise dejar de escribir, reconozco que quise mandar todo a la mierda, pero si no hago esto… ¿qué?

Lo mismo te pregunto a vos, si no trabajases por tu sueño, ¿qué estarías haciendo? ¿mirando cómo juega la selección? ¿quejándote de esta vida miserable?

En fin… colega, bloggera amiga… Seguí escribiendo. Yo te banco.

Nunca sabés hasta dónde puede llegar tu mensaje.

Beso grande,

Gab,-
 

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